El viento maniata el pelo de las mujeres
y ellas sacuden su belleza, dulce y mojada,
cuando las gotas de nube la inunda.
A un lado y otro de la calle los paraguas se abren paso,
luchando contra las ráfagas que intentan lastimarlos.
Los niños recogen sus juegos
y se aburren al resguardo de la calle insoportable,
deseando los charcos que se divisan
tras el cristal,
bañado de gotas,
de la ventana.
ENRIQUE ROJAS GUZMÁN -San Fernando-
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