Va cayendo la tarde
de ese gris eterno de otoño,
desnudando la tarde
del desnudo día frio,
cobrizo de melancolía.
Inundo la memoria
del hospicio de mis labios,
al calor de mis paredes
tras el cristal
de mis recuerdos.
Va cayendo la tarde
como latidos de mi corazón,
como lágrimas que brotan
de mis ojos otoñales,
de mis besos olvidados,
de mis caricias perdidas.
Y sentada en mi sillón,
mezo mi tibia soledad.
ETERNA SOLEDAD
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