Que bonita es la sonrisa
de los niños sin maldad
qué bonita es la ilusión
en estado natural.
Qué bonita es la mirada
chispona y emocional
con los ojitos brillantes
y limpios como el coral.
Qué bonitos los abrazos
espontáneos y sinceros
esos, que los nietos dan
y conmueven a los abuelos.
Qué bonito el nerviosismo
cuando abren un regalo
no importa lo que contenga
ellos hacen que sea mágico.
Qué bonitos esos cuentos
escuchados con esmero
y esa baba que chorrea
con sabor a caramelo.
Qué ternura cuando duermen
frágiles como una flor
qué bonitas sus manitas
y sus boquitas de piñón.
No hay tesoro más grande
que el niño en estado puro
sus hazañas son quilates
aunque negro es su futuro.
No borremos de un plumazo
sus risas y su dignidad
tienen el derecho propio
de una infancia con hogar.
Los niños, esos locos bajitos
de Joan Manuel Serrat
hoy día son las esponjas
que absorben lo que les dan.
Qué bonita es la niñez
qué bonita la inocencia
qué bella la fantasía
con su pureza y su esencia.
JUAN RUIZ MORAL
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