Muros y mundos de distancia,
quedo, bajo el desviado entonces,
vías y proas al frente sin limites entra la
intemperie sin orillas el
denso mirar de pie a ojos de latitud.
Alguna soledad sin comienzo
nos ve desde lejos
como un martillo solitario donde el tiempo se gasta a cada impacto.
Augusto árbol del umbral,
céfiro sin hojas
adonde
la muerte es solo una puerta corrediza,
yo voy enunciando algunos mundos lóbregos
de trigo inasible
y trazo perspicaz,
me quedan leguas de amores
y dominios inundando el corazón raído.
Pasan las vísperas,
auroras y jinetes de sol untados
de Elio y compañía,
viven en mi sangre días de lovastatina esperanza.
Estoy lejos de mí a veces petrificado por lubrica ilusión,
traiciono la mente
cuando la inercia me dicta absurdos
y me niego al desván tácito.
Solo me queda la ceniza eterna
de la elegía unánime de la sombra.
No doy por tentativa mi estéril intento.
Quizá lo que tubo ausencia
fue mi verdad llena de premura ambigua,
o la historia funesta que me endosa
un espacio de advenidad y melancolía?.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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