Que no me juzgues quisiera,
y también que comprendieras
el porqué de esta contienda
que aunque ya no tenga enmienda
me ha procurado cordura
al evitar la locura de no poderme expresar.
Capricho es del corazón, ese, ese vil traidor
que no atiende a la razón y que anda por su cuenta.
¿Acaso no se da cuenta que no es posible siquiera
el pensar que esta quimera se convierta en realidad?
Si existe un galimatías es porque tengo razones
y por lo tanto no puedo andar dando explicaciones
para justificar acciones
cuando implican emociones que justificar no quiero.
Y si piensas que me escondo, quizás estés en lo cierto,
pues me confieso cobarde
aunque vaya haciendo alarde de valentía a doquier,
pero he de esclarecer, que más cobarde es aquel
que por el miedo a perder, anda poniendo barreras
y aprisiona y encarcela queriendo así controlar
y esa es razón primera para querer escapar.
Y si por un casual tú piensas que yo merezco un castigo
te juro que te comprendo y sin temor a errar digo,
que ya mi castigo tengo y no miento cuando cuento
que culpable yo me siento
y estoy penando hace tiempo este claro desvarío
que obcecado el cruel destino me otorgó cual desatino
para hacer temblar cimientos,
y procurarme tormentos que me nublan la razón.
No existe traición ni engaño, ni ningún motivo extraño
que pudiera hacerle daño a nadie en particular
y menos perjudicar a nuestros más allegados
y tesoros más preciados
que sin la más mínima duda me complace respetar.
Y aunque soñé con la gloria, doy por zanjada la historia
pues es del todo imposible que este capricho vano
que se me va de las manos se pudiera realizar.
Y para finalizar, solo despedirte quiero,
diciendo un adiós sincero
y que no me juzgues quisiera porque aunque tú no lo sepas…
¡ay! …. Si tú lo supieras!
Sagrario Maqueira
No hay comentarios:
Publicar un comentario