No sé si les molesta que
mis renglones sean cada
vez menos torcidos que
penetren la médula de
las entretelas del lector
y lo anverso también,
pues la rauda quietud,
la endiablada y endiosada
envidia solo sabe leer,
los renglones que huelen
a pez contra el viento.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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