Las bocas buscan besos lentos,
besos lentos como la estampida
del deseo voraz.
Las bocas conocen el inédito camino,
saben que huelen a fresas,
son dulces y fieros como el olor a tierra mojada.
Las bocas prolongan las miradas
y la química del ansia
es la grata espera.
Bocas procelosas,
bocas que hienden
que cada mañana
renacen,
sonríen,
sufren
y gritan en silencio
su urgencia.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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