Con ojos nublados por el polvo del desierto de sus años,
acrisolando dolor por la pena,
la Soledad, que lo hace ausente,
No más recuerdos. El olvido se empeñó con olvido a olvidarse.
Soledad que se crispa en la crepitud del olvido,
Así vive mi viejo, en el limbo del olvido.
Deambula sin norte, sin cobija,
Ni almohada donde apoyar su cabeza.
Solo la Tristeza lo acoge y lo arropa la nostalgia,
Camina errante, con un equipaje como fardo.
Folios de escritos añejados por el tiempo;
Donde inscritos están los apuntes de sus ancestros.
Cuentos… anécdotas… plegarias.
Los que ya no recuerda… el olvido se encargó
Arrugar su mente sin poder recordarlos.
Pero aún le queda un resquicio, su alma le grita:
Esta es tu vida, compendiada con letras.
Que para el mundo no viven
Y contigo, ya están muriendo.
Un sudor de muerte se nota en su cara,
Frío que trepita todo su cuerpo,
Se aferra, apenas sin fuerzas al legajo de sus papeles
Agonizan las letras…
Y con hondo suspiro, mirando al Cielo,
Un crudo pálpito… hace que la muerte
Por siempre le selle sus ojos. Torbellinos suceden;
Una brisa fresca se hace cómplice de la nostalgia,
De este hombre viejo… y como tributo,
Esparció las hojas de aquel viejo cuaderno
.
Y un trágico sonido el viento emitió,
Un canto. Una elegía el viejo entonó,
Que suspendido en el éter recordó entonces:
Mis vivencias se van conmigo como libro,
El mundo es indiferente al recuerdo,
Todo al final se inscribe como vida
Y con dolor agonizan sus letras,
A nadie le importa… si viven o mueren,
Yo, aquel viejo hombre,
Que indigencia, me dejaron morir… muy sólo en la calle…
Lesbia Gómez
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