Nombre que lo explica todo
palabra que engendra al mundo
puede que antes ya existieran
el cielo con sus noches y sus días
las aguas en sus océanos y mares
si nadie sabía cómo nombrar
no eran absolutamente nada
el verbo
entonces
fue el principio
por qué
qué nombrar
qué contar
para qué escribir
¡para entender!
para amar y ser amado, amarnos
para saber y conocer
por miedo
por necesidad
¡para sobrevivir!
por hábito y matar la costumbre
por vivir otras vidas y resucitar en la propia
para dar testimonio
porque no se sabe escribir bien
porque leyeron
padecieron
¡miraron de frente a la muerte!
el verbo provoca desasosiego
masoquista que se lleva dentro
por las arterias y las venas
de los libros leídos
como forma de existencia
¡una manera de ser!
¡sentirse vivo!
para sobrevivir
a la necesaria muerte
¡que nos nombra cada día!
principio y fin
como el cuento
como la retórica
se arma
se aprende
vino el verbo antes que todo
y al final, quizá, ¡silencio!
escribir es dolor y placer
testimonio
emoción de la verdad
justicia de dejar constancia
para otros, para que no se repita
por sentir un vínculo con el tiempo
por amor, por miedo al amor
por desgarro
por explorar todos los delirios
y las pasiones de las criaturas
fijar la memoria
una forma de hacer surgir
los recuerdos y las imágenes
para volver a vidas anteriores
que se llevan en la mochila
como vicio solitario
por afición o por aflicción
ingresar en los laberintos
y no querer salir
la palabra es agua
cada historia el río que la lleva
a corriente siguiendo la estela épica
a contracorriente con temperamento
hay que enfrentarse a ello
con el empeño de conocerse entre
la verdad y la exageración, ¡con talento!
escribir, tortura de la palabra
cometido de los poetas
erosionar el idioma en la forma
en que el lenguaje lo admite
¡fustigar y estrangular el verbo
para nacer después!
Eduardo Tagliaferro
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