Frente a frente te miro sin espanto,
sonriente calavera y sin embargo
maldigo tu presencia en mi letargo
con mi último alarido que levanto.
Te lloré, pero no me queda llanto
tras beber aquel cáliz tan amargo
que apuré hasta las heces a lo largo
del tiempo que pasó… ¡Dios sabe cuánto!
Con las últimas fuerzas que sustento:
¡Te maldigo! mugrienta calavera,
apretando los dientes, sin aliento.
Te mantuve en mi mente, en el vacío,
sin ver poder tu imagen tan siquiera,
ansiando estos momentos. ¡Hijo mío!
ULPIANO ULPY
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