lunes, 22 de abril de 2013

POR LAS RAMAS


Allí donde el bosque se hace negro
ahogó una voz que sobrevive.
Tendrá que hundirla esta vez en las cenizas
–que todo lo pueden suavizar–,
sacrificarla como a un animal querido que no tuvo
y llegar a creer que es preferible así.
Esta pobreza, esta opacidad, se ha desprendido de los resentimientos
y agradece cada gota de sol que destila el invierno lentísimo,
porque hasta el lamento le han quitado y es casi feliz.
Con los ojos mecidos por la sombra de las ramas,
va siguiendo entre sueños la danza del deseo.


Isabel Llorca Bosco -Argentina-
Publicado en la revista Con voz propia 52


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