domingo, 7 de abril de 2013

“ESCUCHA”


--Escucha-- sintió como le decía una voz de dentro de sus entrañas, y ella prestó atención, quería, necesitaba escuchar eso que su cuerpo o lo que llevaba dentro de ella le quería decir, --dime—se escucho diciendo, pero la voz callo, y ella se sintió morir, --dime—volvió a preguntar, pero la respuesta no llegaba, pensó ¡la abre asustado!, se lo preguntaré más suave, --dime, te escucho, háblame por favor, quiero escuchar lo que me quieres decir--- pero la voz no respondía, la angustia la embargaba, y también las dudas, buscó por la casa, no había nadie, la tele estaba apagada, la radio que alguna que otra vez ella había dejado encendida, también estaba apagada. Se sentó en el suelo cruzo las piernas con sus brazos relajados sobre su cuerpo, y se puso a meditar, ¡pensó! este es el momento de hablar con mi interior, si él no quiere hablar conmigo yo hablare con él, y, quizás entonces se decida a hablarme. ¡Escúchame! tu, que no quieres hablarme, tú, que no me das respuesta a mis preguntas.
Me trajeron a este mundo sin preguntarme si quería venir, me han llevado por caminos tan oscuros, que no veía por donde iba, tropezaba y me caía, luego cuando mis heridas se sanaban, volvía a caminar, pero el camino tenía demasiado obstáculos, y volvía a caer una y otra vez , y vuelta a curar heridas. Hoy mis cicatrices son tan grandes que no siento dolor cuando me caigo, pues tengo todo el cuerpo inmune al dolor, y sigo mi camino callándome y levantándome una y otra vez, pero sin heridas y sin dolor. --¡Dime tu! entrañas, dímelo ahora que quiero escucharte, quiero oír eso que me querías decir soy toda oídos, y estoy segura que eso que tu quieres que escuche tiene que ser muy interesante para mí, pues ¡me queda tanto que aprender!. — Escuchó como en susurros una voz dentro de ella, cerró los ojos para escuchar mejor, esa voz le decía cosas que ella no comprendía pero su cuerpo sí. Porque su corazón latía con tanta fuerza que se asustó, ella que pensaba que no tenia corazón, ella que pensaba que en una de esas caídas se le había perdido hacía mucho tiempo, tanto que sus latidos la asustaron, se llevo la mano al pecho, pensando que podía salírsele de él, era como un caballo desbocado, lloró de alegría, volvía a sentir, volvía a sentirse viva, deseó correr y gritarle al mundo que ¡estaba viva! que ya podía amar. Se levantó muy despacito como la que despierta de un sueño, arregló sus ropas, y se fue al jardín para contemplar las flores, nunca le parecieron tan hermosas, habló con ellas les dijo que las quería, y a cada una de ellas le hablo del amor, miró para el cielo, el día estaba declive, las nubes caprichosas se agrupaban alrededor del sol, formando un arcoíris de colores, el mar se confundía con el cielo, y ella, sintió que formaba parte de todo aquello, se sintió una más en el universo.
El corazón seguía latiendo con fuerza, estaba loco de alegría pues estuvo tanto tiempo muerto y ahora, que sentía que estaba vivo, solo quería hacerle caso, él se sentía enamorado y ella quería vivir ese amor, que su corazón le pedía…
“Y ya nunca más volvió a escuchar, esas vos que le decía,
“ESCUCHA”

Joaquina Cañadas Blanca 

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