A veces quiero
que me lleves como a un pañuelo de algodón
o una tira de chicles de fresa en el bolsillo
o colgado del brazo como un paraguas de Dior
o tachonado en tu labio inferior
como una diadema de piercings
o ser un tornillo circular y de estrellas
de tus gafas de ver
o ir dentro de un agujerillo de tu reloj de pulsera.
Y hasta podría decir
que a veces quiero,
que me lleves como pelusilla en el nidito que es tu ombligo,
o ser un huesecillo curvo,
de esos que rozan tu cadera por dentro
o ir colgado radiante y sin traumas
como un lóbulo de tus orejas.
O ser el aliento que expiras
en tus guantes de lana color pingüino en invierno
o el estribillo de la pegadiza canción
de las mañanas,
o el frío que te acompaña el atardecer de confidencias
o la caricia del sol como el masaje de un elfo,
la lluvia tras los cristales,
las nubes de satén en que te disuelves
o el espejeo de la luz en las crines de un alazán,
a veces quiero.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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