tan claro que ciega los ojos al mirarlo.
Los esclavos derrotados por la tinta
apenas son sesgos de oscuridad.
Un paisaje con ocultos barómetros
cae entre himnos auscultantes.
Aquella perspectiva corpulenta
ha dejado de ser una resurrección.
Los signos jadean sobre un antiguo monolito
atormentados por la nieve coagulada.
Sin saber el porqué de sus fragmentos
ni la carne desgarrada por las torres.
Y aunque Milton legara el Paraíso
la neblina se niega abrir los soportales.
Luís Ángel Marín Ibáñez
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