lunes, 11 de junio de 2012
TREINTA Y SEIS RENGLONES
Las caderas como colinas.
Un valle que comienza
a crecer
agota su sombra.
La rima,
la leyenda,
en impasibles columnas
de humo.
Y es poder llorar
feliz y suculento.
Empuñar los sueños,
acariciar los susurros,
amarrado al alba.
El mundo lluvioso
no nos alcanza,
se disuelve.
Lo triste puede esperar.
Marzo en flor,
agitado de vientres de mujer
de perfumes
de promesas
y de hojas verdes.
Marzo vivo y sin aliento.
Treinta y seis rimas de luna clara
ondean al viento
de la irresponsabilidad
hecha pasión.
La garganta rota
de la risa del placer,
los huecos de los hombros
anclados como garfios.
El torso,
el pecho,
gemidos huyendo.
Treinta y seis veces
mi refugio.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario