viernes, 22 de junio de 2012

EL POETA EXISTENCIALISTA


Escribió innumerables volúmenes con la corcova de las manos. Extorsionó el papel hasta que los sarpullidos y estertores se le subieron a la médula. Zarandeó con estilo estoico y partisano los millones de libros que no alcanzó a leer por falta de genitales. Midió como poeta cíclope las terrazas de café y bares que la lluvia desoló a golpe de intemperie. Propagó el hálito de su resurrección agotando las pausas golpeado al sol. El poeta existencialista no sabía para qué se obligó a subsistir entre edredones de pluma y gritos de plexiglás si era mejor la desolación de la náusea y la traición de la pose.


GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-


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