miércoles, 13 de junio de 2012

BUSCANDO RESPUESTAS


De repente se encontró delante de un sendero
de agua que se deslizaba sobre el suelo pedregoso.
No había nadie allí para explicarle que lo
que estaba viendo era un río, nacido poco más
arriba, en una vertiente, entre los cerros.
Quedó maravillado por el sonido que producía
el agua, al esquivar las piedras que encontraba
en su camino.
Se inclinó sobre el agua , para ver reflejada su
imagen. Y sonrío.
Siguió con la vista una ramita que iba flotando a
la deriva. Comenzó a caminar, siguiendo ese
pequeño velero sin navegante. Se deslizaba
despacio, pues la pendiente no era muy pronunciada.
-¿Adonde irás?- le preguntó a la rama. Nadie
respondió. Decidió averiguarlo por sí mismo, y
continuó bordeando el río.
Poco más adelante, el paisaje se volvió más solitario
aún, más inhóspito. El río se había transformado
en un hilo de agua, penetrando en las
entrañas de la tierra. Ni un ave en los cielos, nada
se movía en la llanura, aunque seguramente,
algunos organismos vivos, desarrollaban el arte
de la supervivencia protegidos debajo de las
primeras capas de tierra.
-¿Adonde irás?- le preguntó al agua. Nadie le
respondió. Siguió caminando.
A poco , el suelo se presentaba arcilloso, y el
agua, que ahora corría con más empuje había
dejado la transparencia. Se había enturbiado
por el sedimento que arrancaba de las orillas. El
cauce se fue haciendo profundo y aumentó la
distancia entre las márgenes. Puso un pie en el
agua fresca, que tiraba con fuerza, produciéndole
cosquillas. Y sonrió.
Pronto apareció la vegetación, y los animales,
saciando su sed en el río. Luego divisó un espejo
que reflejaba las nubes. No podía explicar
aquello que se presentaba ante sus ojos. Era un
lago artificial, formado por el embal se de las
aguas . Una usina hidroeléctrica formaba parte
del conjunto.
Así descubrió que los hombres eran capaces de
dominar la fuerza del agua transformándola en
otra energía. Los vio caminar, trabajar, gesticular,
con -versar. Y les hizo preguntas- pero nadie
le contestó
Debió haberse quedado dormido, su deambular
y las maravillas que descubría a cada instante,
eran un buen motivo como para descansar.
.
Despertó bruscamente, cerca suyo el ruido del
agua en el rebalse de la re -presa, semejaba al
viento desatado en las quebradas . Otro río nacía
a partir de allí, guiado su camino por la mano
del hombre.
Se incorporó, y al seguir su viaje, pasó por la
ciudad que se alzaba en las cercanías del lago.
Y entonces amó el brillo del sol jugando con
las aguas de la fuente de la plaza, y se compadeció
de las que corrían sucias por los badenes,
arrastrando objetos inanimados, salpicando,
con el paso de los vehículos. Se alejó, dejando
atrás la costanera, en la que algunas personas
practicaban la pesca. Algunos pescados
boqueaban, con los ojos despavoridos, abandonados
sobre los escalones de la rambla. Les
preguntó de don de venían y porque habían caído
en la trampa- Nadie le respondió.
Aquí y allá los hechos se repetían sin mayor
variante, hasta que llegó a una gran ciudad.
Las aguas del río al que acompañaba se tornaron
oscuras, pesadas, malolientes. Un mundo
de embarcaciones lo ocupaba todo. Era el puerto
de la gran ciudad.
Así conoció el final del camino de su río, que
muy pronto formaría parte del océano.
Entonces encontró las respuestas a las preguntas
que hubiera formulado en vano, pues nadie
quiso contestarlas
La tierra sostiene al agua, pero nada en este
planeta puede vivir sin ella. Esta traza en la tierra
los caminos que la llevan a acrecentar los
mares, y va sembrando vida.
Una rama en la corriente realiza su viaje hasta
que en algún lugar se detiene y forma otra vez
parte de la tierra
Las semillas y el hombre se reproducen porque
el agua los asiste, pero la semilla toma solo lo
necesario.
El hombre olvida por momentos que su vida
depende de ella., y 0la gasta con descuido. y la
contamina, ignorando que de ese modo atenta
contra su propia especie.
Los animales beben solo agua y en la medida
que la necesitan. Los pobres hombres se sienten
todopoderosos, bebiendo sin tener sed.
Apagando sus fuegos internos con otros líquidos.
Y el fuego, que todo lo consume, que
no teme al hombre, guarda sus lenguas y desaparece
ante el agua, que protege una vez más
la vida.
Se recostó en un acantilado para descansar.
Nadie lo percibió. Tantas veces le sucede lo
mismo.
Entonces la Conciencia hubo de reconocer que
los hombres en su afán de lograr nuevas metas
olvidan la importancia de pensar dos veces antes
de tomar decisiones.

Mª. ROSA RZZEPKA-ARGENTINA
Publicado en la revista Estrellas Poéticas 48



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