Se abre el claro día viendo la grandeza.
Se esconde la luz del sol ante nuestros ojos, viendo la grandeza.
Se hace la noche, contemplando el firmamento seguimos viendo la grandeza.
En una flor.
En un pájaro.
En el camino del agua.
En el pedregal del camino.
En una sonrisa.
En un sueño.
En el aleteo de una mariposa.
En las caricias del viento.
En la música de las palabras.
En los versos de los Poetas.
En el paisaje de tus ojos.
En el murmullo del alba.
En una taza de café a aroma de un beso.
En tus labios empapado de licor del alma.
En tus manos que guían las olas de las caricias.
En la arena del desierto que derraman la esperanza del Oasis.
En el fuego del hogar de nuestra casa.
En el juego de los niños que juegan con la sabiduría aprendida.
En este mundo al que pertenecemos sin pertenecerle.
Pertenencia de la vida.
Nada nos llevamos, tal todo se queda.
Ni el cuerpo.
Ni la memoria.
Ni nuestros pasos de baile.
Ni nuestro vestidos.
Y menos nuestras riquezas.
Pertenencia como dice la ciencia, sintetizada en veinte y un gramos pesando el alma.
¡Qué no!
¡Qué no vale!
El peso se queda inscrito en el libro del pensamiento que pertenece y más tampoco nos pertenece.
Pertenencia de la vida en el centro minúsculo inmenso y eterno del Amor.
Ahí está la luz.
Ahí está comprendido.
Ahí está nuestra Pertenencia, perteneciendo a la Creación del Amor.
Te amo Victoria Elizabeth Nowak
Jose Carlos Arellano Ramos.
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