La noche se presenta mágica ante el embrujo;
dos cuerpos que se acercan y en una quimera
determinada, aquietan su andar para tomarse
con pasión, sortilegio de atracción en primicia
posición hasta encontrarse en un beso sonoro
Luego del ósculo, instante de suspiro placebo
te ofrezco auroras en cientos miradas pasivas
y sin expresar sílaba alguna; ya manifiesto eco
dentro de tu pecho amante, me ofreces la vida
que empezó cuando mis pupilas te divinizaron
Dejé de ser niño, cuando sentí acento de arrullo
que me lleva a envolverme nacarado enjambre,
allá donde el parnaso es un nido de sensación
palpitada, llama apasionada en el corazón amor
dentro de una humedad salobre, tentación bella
Perdona pero no tengo palabras ni versos furtivos
solo caricias mecidas en tu piel, rojo efervescente
despertando artilugios frenesí, estampada ilusión
perturbada ante gemido y el grito: quiero ser tuya
es llevarme al paraíso, en cúmulo de sensaciones
El romance de mi destino tiene un nombre y apellido
que a las riberas de mi vida canto, sólo con el saber
eco de sentimientos, asidero en el lienzo de tu piel
porque siempre he de amarte ángel de un horizonte
en eterna felicidad por tenerte en mis abrojos y mieles
Nelson Lenin Aguinaga Ortiz
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