jueves, 22 de mayo de 2014
ALGÚN DÍA
−Convertiré esas rocas en…− dijo en su punto máximo de borrachera, mientras se colocaba una corona de oro chueca, totalmente deformada por su inhabilidad artesanal.
−¿En qué Sir Maximilian, Rey de toda Pompolandia? −preguntó el esclavo lindante humillándose, le colgaban cadenas con piedras preciosas y un hilo de baba.
−Algo de moco para una pulcra nariz− contestó y se cayó del bicimotor.
−Jajaja….¡¿Ehhh?!- escuchó un sonido de repente.
−Psst psst.- susurró alguien desde una pequeña rejillita en la esquina inferior de la celda.-
Se acercó rodando por el suelo y sin ponerse de pie con los ojos bien abiertos quedó a centímetros de la voz.
−Oye. Dismael o como te llames, aquí tienes la tuya y la de tu amigo.- dijo un hombre y atravesando su mano le entregó dos llaves de oro. − Te dije CH3(CH2)14CO2NA, pero el molde sirvió, casi era jabón. He cumplido con creces, son libres y llenos de oro.
−El oro no vale nada. ¿Sabes que vale? El alcohol. − dijo Dismael, la esbornia le hacía temblar la voz.
−Ya te lo dije de donde yo vengo el oro es valioso, mi pueblo se rige por costumbres del tercer milenio, en
cambio ustedes bárbaros. ¡Ja! Preso en la peor celda por un simple autómata.
−¿Por esa chatarra? No le sale una gota. ¡Ladrón! Somos esclavos, pero robar agua… ¡Hip!-hizo una
pausa olvidando lo que decía. −¡Qué va! ¡Raúl! ¡A la tierra del oro! − le dijo a su vecino compañero.
Entonces escucharon los pasos de un guardian.
−¡Esclavos! ¡H2O a prisa! Pues el Rey tiene sed. −dijo el guardia y miró dentro de la celda.-El Rey demanda… ¡Aaaahhh!- gritó despavorido al ser empujado dentro de la máquina por Raúl. Dismael cantaba mientras pedaleaba.
−¡Aaaaaa la tierra del oro, ciudad antiguaaaa, brillanteeeeee….!−mientras la máquina despedía cerveza que
depositaba en un recipiente.
Federico Miguel Aldunate -Argentina-
Publicado en la revista digital Minatura 125
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