Cuando la mano del viento
toma tu sombra
y la dispersa con un gesto,
la traslada
al otro lado,
siempre al otro lado,
paraje desconocido,
zona de riesgo.
—No procures su busca—
aconsejaría Heráclito.
Si todo fluye,
la que vuelve no es
la misma que partió:
ajena sombra regresa
del otro lado.
¿Cuál, su ley? ¿A quién responde?
Quizá por hábito del inquieto devenir
cierta vez
la que vuelve
llegue a ser tu primitiva sombra.
Cristina Berbari -Argentina-
Publicado en el blog elescribidor
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