Sarah
presentimiento desgarrador que su garganta comprobaba tras esos alaridos sin sonidos… Una parte de sí claro, metafóricamente…
La vida es un pasadizo, una coartada enfrentada con el crimen de las segundas oportunidades
como tampoco, la “H” muda al final de un nombre, Sarah… ¿Princesa? y esa “h” ¿Un silencio ante el cual, claudicar? ¡Le han podido poner mil nombres, seleccionar entre millones! … pero ¡Fue ese precisamente!… además, anexo al misterio en la salida De niña, le gustaba navegar entre las nubes, escupiéndoles formas con sus pálidas pestañas, dibujaba la inescrutable sensación de vagar fuera del tiempo ¡Tan solo, ser! Su parte sabía más del universo etéreo que la pieza que la conectaba con el mundo exterior justo al lado del tic tac de los irreversibles ¡Pasaba horas viendo al cosmos desarrollarse al margen de las miserias humanas! En el ático, una grieta la unía a los imposibles desplegaban un acordeón de sonetos y esperanza ¡Belleza plateada de estrellas fugaces! El planeta de las barbaridades, era tan solo… ¡Nada! Comparado con el espacio infinito concebido en su mente imperecedera porque esa era la gran verdad, su psique carecía de la temporalidad inherente a la vida corporal, aunque fuese obvio que, únicamente sería posible percibirlo por medio del estado, físico. Se… ¿Presume?
… pero
¿No hemos visto al tiempo atravesarnos con su daga? ¿Podríamos decir qué no existe? ¿Acaso no nos mide, marca y hasta nos despelleja, vivos? Sin duda alguna, está para lo que pasa y muere… La cuestión ¿Existe lo que no, fallece? La “H” de Sarah sabía, había reconocido en su universal corazón de bambalinas, constantes sensaciones con olor de caramelo sobre todo al experimentar el tipo de eclipses cuya revelación encandila es decir, lo común hace referencia el firmamento, oscurece < y algo, en el cielo> simplemente, desaparece, la luna, el sol queda bloqueada ¿Dejan de “vivir” al no estar? ¿Solo por qué no los apreciamos? En ese instante, se trababa de un eclipse cegador, por exceso de iluminación ¡Una locura intergaláctica, nueva! Así, lo sintió… ¡Tenía tanto que develar! además de la “H” muda, encandilada y… ¿Ciega? ¡Como que demasiado! Es lo que toca cuando estalla una nube en plena, madrugada. Nada usual o de fácil acceso entre la razón y la intuición ¿Qué es, era? Ya había muerto y de su época de cadáver… Renacer, la transmutación, elevarse ¿Fueron estadios irrealizables? Definitivamente, no, tampoco lo fue ¡Resucitar! ¡Era la única que había regresado del abismo de Hades!
Esa noche, el firmamento se había condensado en una singularidad, inmediatamente, una detonación alucinante entró por la grieta del ático y como ella solía estar allí, sola pensando, dejándose ir entre la noche y la bruma, la energía creada por el espacio al comprimirse, entró en la magnitud de sus ojos
como aquella película de Buñuel. Toda la potencia del arrebatado big bang impedía que viese algo, si bien en la oscuridad no se puede, ver, frente a la luz en su esencia y sustancia, tampoco y como se sabe ¡A nadie le importa lo que no se puede cuantificar!… pero eso no apaga, la certeza, revelada.
Sarah se deslizó sobre el témpano de sus dudas ¡Les quitó la máscara! El exceso de luz también, oscurece ¡Apenas si entendía que le estaba pasando! Tanto tiempo en el ático, intentando dilucidar el caos y repentinamente
el punto medio que desechó por bipolar, era la magna respuesta, precisamente por su simplicidad ¡No era razón ni mente o inteligencia!… Era algo muy distinto, descubrir el vacío reconociendo que ¡Ha estado lleno! Quizás desde siempre, un “siempre” sin tiempo.
En medio de tan irreverente y hasta anárquica, controversia de fuego, silencio atado, sed de manos y encuentros, el ático se abrió hasta el fondo de la curvatura del espacio sideral
estiró los brazos ¡Quería tocar! Rozar, dejar de buscar… ¿Para que sirve una mirada amarrada tanto a la sombra como a la luz? En ningún caso ¡Veía!
Sarah… Muda y ciega
¡Sabía!
Scarlet C
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