Una vez hubo una estrella
que se enamoró del viento,
iba siguiendo sus huellas
en las noches de tormento.
Poco a poco suspirando
lo llamaba desde el cielo.
Llegó a amarlo en cada esquina,
lo buscaba mar adentro.
Con él quería encontrarse,
con su canto, detenerlo,
y, en su locura de amarlo,
se iban rompiendo sus sueños.
Le rogaba en la distancia,
le llamaba en el silencio,
pero él siguió su camino
errante a través del tiempo.
Tiempo, viento, tiempo, viento.
M.ª Carmen García Moruja (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 26
No hay comentarios:
Publicar un comentario