Un uno tendido sobre la suma,
donde se desnudan las restas
y la división es la sombra
oculta tras la esquina.
Doce soles fríos,
colgando de lo alto de las ramas.
Siete son los pecados.
Veinte las noches, que la luna desde su torre te vela,
y cuatro los labios que te ansían.
De dos, en dos suenan los latidos
dentro del corazón de las estatuas.
Ocho son las muertes que tuvo la roca
antes de volverse agua.
Tras las aspas de las multiplicaciones
los niños, sacan los brazos por los decimales,
para acariciar con sus manos,
a los dividendos que duermen
recostados sobre un prado de raíces cuadradas.
Cinco son los montes
creciendo dentro de tu vientre abierto.
Doce los caballos de cristal
que trotan dentro de mis venas.
Tres, las noches ocultas en tus pupilas
que se encogen, cuando la pata de una grillo la roza
y anidan dentro las golondrinas.
Ochenta, son las fechas borradas del calendario.
Treinta los cascabeles que cantan,
diez los corazones que laten
con pulsos de arena y cinc sobre la manzana.
Cien los doseles que se descorren
descubriendo diez auroras
ocultas tras una pared, de color verdirroja,
en donde la luna...
que antaño era una,
ahora son dos sobre la encina,
ella, y su sombra.
Dos gemelas sin pulso acurrucadas,
dentro de una cuna
cuyos 1.000 barrotes son rumor de lluvia.
La manta, cien mariposas cosidas entre si,
por sus doscientas alas,
y la almohada una alondra blanca.
Mil quinientas las vidas
que vivió el pétalo sobre la encía.
Treinta y nueve las cigarras que cantan
sobre tu frente.
Pero tan solo fue uno,
el segundo que necesité para robarle
un suspiro al tiempo....
y saber que te quería.
Debora Pol.
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