“Sólo nos salva el mar
y alguna estrella lejana de la noche
y su fortuna,
y esa carne final que no es la luna del hijo
condenado por su huella.”
Carlos Esquivel Guerra.
Una vez dije a los acreedores que me enfrentaría a los fantasmas. El miedo no existe, la duda lo construye y nosotros servimos de materia, vehículos con suficiente razón para entregar el alma. Dios cae de la altura y sube desde la tierra; descubre que somos hijos del crepúsculo, que adoramos al sol y a la luna y somos merecedores de su dicha, capaces de equilibrar la cuerda, subir a ella y que el circo gane un payaso, como héroe que finge que detrás de cada árbol existen semillas estériles y los tribunos se enfrentan a la risa, al blasfemar de los emperadores, que no ven la floresta, ni los gallos, los paisajes. Ni siquiera un vitral que agota las columnas, le hace besar la tarde o tatuar en las fotos a una mujer que danza y le dicen Alicia; desteje el mantel que las muchachas ordenaron, y con el hilo adorna la tarde, busca miles de arañas y comienza a saltar dentro de la obra de arte, se ovilla, destrona a los que en pánico miran al escenario, aplauden a Dios y a los tigres y a las mujeres que no se enajenan, hacen vibrar y sofocan el pincel cuando el enjambre guarda el óleo de esta isla.
Odalys Leyva Rosabal -Cuba-
Publicado en la revista Oriflama 25
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