No puedo ir al arca.
Dios no permite impulsos,
es necesario que fragüen los metales;
la piel tiene demonios,
suculentos aires se invocan
y en cada torre un hombre mira,
la lejanía se acerca
como si los recuerdos fueran una pipa
de esas que fuman los marineros
y Hemingway, cómplice de este poema,
de esta isla mujer
que no niega sus lágrimas,
toca la guitarra para hacer una tonada
y no niega tambores:
si rebusca la sangre hallará un país,
venas de música,
locura de naipes,
hombres que aún pelean los gallos,
porque somos hijos de una isla
donde Mariano y Linares
pintan las plumas
y somos óleo de los que no se niegan,
regado en el mar,
subiendo sobre arrecifes
en las ganas de ser nosotros.
Odalys Leyva Rosabal -Cuba-
Publicado en la revista Oriflama 25
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