jueves, 5 de febrero de 2015
ODA AL POETA RUBÉN DARÍO NICARAGUA
En la hora alcohólica del dique
en desolación
hay un esquife con remos y rimas,
una anatomía hasta el cansancio.
Un espectacular maestro
de la inminencia claustra y ancestral.
Poeta de una imaginación disonante
de un otoño autumnal y eterno.
Siempre efervescente en su gracia
de estirpe dilatado, el evocar le haciende
con col de antaño. Nicaragua
con follaje fructuoso de tálamo trébol.
Siempre riela cumbres
con látigo de campana,
cae y resucita
en sus hallazgos de frío azar.
Su vida elemental y cadenciosa,
azul secreto de tantos mundos.
A la rima le da edad de mazo,
un apuro final de fenecida misa,
un abono de ecos tensados
y a la prosa le yace con senda etapa.
El es intimo revolver
que dispara desde el auge vallado,
su cuantía lleva un esquema estoico
de símbolos, un estribillo imperante,
una descalza intensidad de celebre e insigne.
Canta a la mazamorra de su gente
desatando su quimera
analizada de recuerdos vastos.
Tiene sándwich hambriento
de presagios y osadías,
plato y tregua del intervalo
y lo rayano.
El desenfado se le hace burgués,
la ilusión le agrupa con mutismo incorpóreo,
heraldos de Verlaine
y doctrinas de Nervo,
su andar de alfa y omega
con espíritu carnoso y ebrio,
metafísica vital en devoto
hacia el cristo Viviente.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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