martes, 3 de febrero de 2015

HABRÁ UN TIEMPO DE LUZ, DE OLVIDO


Nada, excepto la noche y los signos más oscuros que la rigen
como un estatua en disolución del espejo enemigo
la niña que fuiste alejada del bosque antiguo
se aproxima de nuevo a ti y los relojes que del mar
toda caricia a cercenar niegan.
Nada, salvo esas manos que invisibles
escriben un tiempo de signos oscuros
como velero en desventaja tragado
por las aguas del olvido.
Nada, excepto a ti misma, niña de antiguas fábulas
cuyo corazón fue devorado
por la misma indescifrable pregunta.
Nada, pero todo pacto de nunca saber crece
como la hierba en silencio
como los derrumbados arrecifes del viento
como el susurro de la voz que dentro llama.
Nada y el tiempo que se diluye.
El tiempo de las más codiciadas pérdidas
donde el extravío fue una deslumbrante respuesta
y la noche fue blanca a su merced de entender cada
estrella que lactando para ti su luz te obedecía.
La niña que fuiste y se llenaron tus ojos de mar oscuro.
De pálidos sueños para el más abominable espejo
donde desnuda te conviertes en mar
y tu corazón es un monumento coralino.
Ahí está el fuego y las palabras que el silencio ofrecía.
Ahí están los años de risas y llantos
la canción de cuna que la soledad protegería.
Tus manos han crecido como un árbol extinto.
Tu pecho para todo vacío
donde los pájaros transparentes hacen nido.
Nada, excepto un tiempo menos oscuro
donde se escriben todas las preguntas
que jamás responderá el más cruel de los olvidos.

Claudio Lahaba

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