miércoles, 4 de febrero de 2015

EL INTERÉS DE VERTE CAER (1ª PARTE)


Llevaba sentada allí más de media hora, viendo impávida como la gente entraba y salía constantemente de la sal donde a mí no me habían dejado entrar. Cogí mi bolso entre las manos dispuesta a levantarme e irme. La puerta se abrió de golpe, y mi nombre sonó tras una aburrida voz de aviso de supermercado. La verdad es que ya estaba lo suficientemente cabreada como para que me entrevistasen, no es bueno hablar con alguien que lleva más de una hora faltándote al respeto. Aún así quería ver la cara del tipo que se había permitido esa descortesía. Sin dirigirse a mí siquiera indicó un asiento vacío frente al suyo. Notaba mi mandíbula a punto de explotar. Aun no le había podido ver la cara, no la había levantado de lo que estuviese leyendo. Unos helados ojos se dirigieron a mí por encima de sus gafas de pasta. La sangre me bombea a mil por hora, dudo poder llegar a mantener una conversación con semejante individuo. Tiene cara de putero y borracho. Finalmente abre la conversación.
- Levántate y da una vuelta sobre ti misma.- ordena.
Esta si es la mía. Sonrío maliciosamente mientras me preparo a decirle a aquel tipo lo que deberían haberle dicho hace ya mucho tiempo.
- Es un baboso miserable, viejo verde. Y si piensa que voy a hacerle de putita, lo siento, tendrá que volver a pagar a una de esas infelices, para que según salga usted de esa infecta habitación puedan vomitar a gusto. No trabajaría para usted ni por todo el oro del mundo, lo único que volvería a traerme a este despacho sería la posibilidad de verle agonizar mientras todas las mujeres a las que ha tratado como trapos jalean a la muerte por tomar tan sabia decisión. Que pase un buen día, aunque lo dudo, la gentuza como usted no sabe siquiera que es eso.- me levante inmediatamente, con la sensación de dejar allí un enorme peso de encima.
- Nunca saldrás de pobre, desgraciada. Son las ingenuas como tú las que finalmente caen más bajo en nombre de sus ideales…
- O tal vez seamos las que finalmente pisamos cucarachas como usted, con nuestros zapatos de veinte euros, pero con las pelotas que le faltan a usted y que suple con dinero. Morirá solo y desde luego entre el sufrimiento que usted ha provocado durante su deshonesta y abusiva vida. Suerte, aunque la suya ya está echada, y da pena.
Salí por la puerta sin temer ni un segundo por la falta de trabajo, por haberle hablado así a un pez gordo de los muchos que existen o que se creen. Seguiré mi búsqueda, con la cabeza alta. El ascensor se abre frente a mí y mi nombre resuena en el pasillo. Una voz femenina me llama. (…)

ANNA LAFONT
Seleccionado por Martín Molina García

No hay comentarios:

Publicar un comentario