Hay un grito que cruzó los espacios
de Andalucía con un dolor de siglos
en sus cuerdas vocales.
Cante que surgió
abriendo surcos,
destrozando telarañas
y despertando
en todo el planeta
un nuevo sentir
por el cante flamenco.
Queja de palos secos,
que le devolvió la voz
a la garganta
de todo un pueblo
porque en ese cante
había un par de alas
pobladas de relámpagos.
¡Ah, ese grito poblado
de sol y albero tenía duende!
Y al rasgar los lienzos del aire
hasta el álamo solitario
de la sierra morena
entornó sus ojos
solidario con aquel lamento!
En las fuentes de Granada
se oyeron nuevos cristales
como si del cielo hubieran bajado
un par de coplas de divina platería.
Por los cielos de España
y Andalucía se asomaron
al mejor balcón de nubes
manolas de abanico y peineta
ansiosas por escuchar
aquel desgarre tan andaluz,
tan infinitamente gitano
que había en la voz
del divino cantaor de la isla!
Lionel Yino Sanchez
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