Con la sutileza que el viento levanta tus cabellos
o equilibrio con que la gravedad erige tus pechos,
con el fulgor que tus ojos emiten sus destellos
o la suavidad que tus caderas aportan al movimiento,
de tu figura cuando avanzas hacia mí para abrazarme
de los suspiros exhalados por tus labios al besarme,
de las caricias suaves que de tus tiernas manos parten
hacia mi piel y lujuria que se hallan deseosas de gozarte,
de recibirte cada mañana bajo la atenta mirada del alba
de aprisionarte en suspiros y jadeos al menos por horas,
de hacerte sentir una reina de amores bajo las sábanas
de secarte mil lágrimas que en ausencia, callada lloras,
porque cuando la oscuridad del cruel destino muere
alejando la noche que en su compañía te envuelve,
tu corazón encarcelado al majestuoso sol requiere
que te eleve con sus haces de luz y hacia mí te lleve.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
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