Un bidón de diez litros de aceite para reciclar.
Una montaña ordenada de sillas metálicas junto a la pared.
El bidón encima de las sillas metálicas.
El bidón cae de lado.
La tapa abierta.
Lentamente,
el aceite chorrea,
las sillas de aluminio,
brillan sudorosas.
Todo al son de la noche.
A la mañana, el bar abre...
el suelo resbala,
el aire huele a aceite roto.
Venganza.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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