lunes, 3 de marzo de 2014

SUENA EL DESPERTADOR


Cada mañana es idénticamente el mismo sonido como si se tratara de la misma secuencia anterior: la del día de ayer, que quizá hoy se repita, con la misma cadencia del tictac que acompasa el ritmo cardíaco de Antoine que se levanta nada más oír el rinrin.

En la cama queda dormida su amada compañera estirada a todo lo largo y ancho del globo terráqueo en el que el sol todavía no acaba de nacer. Antoine entra en el baño, abre el grifo de agua fría y siente el contacto del chorro helado sobre su frente que ha alzado cerrando los ojos mirando en su pensamiento un tronco de un vetusto sauce que llora la tragedia humana. Cinco minutos y el mundo parece haber frenado de golpe y lanzado a otra dimensión a todo cuanto lo habita.

Sale del baño todavía mojado y se dirige al balcón donde cada mañana realiza el mismo ritual: abrir las persianas como si de banderas se tratara y un himno inaudible colocara en formación a un millar de ejemplares soldados dispuestos a ganarse el pan matando.

Él sabe que es observado desde algún lugar que no podría determinar, pero siente la mirada que lo recorre en la totalidad de su cuerpo desnudo, y este pensamiento le produce una excitación en la que su pene acaba de alzarse como un rebelde insolente.

Entra tras haber subido las persianas para dejar paso a la luz matinal, y recorre el pasillo con un fin, con el mismo objetivo de cada mañana, como si él fuera el mismo reloj despertador que cada día suena ajeno a todos los objetos que lo rodean.

Ella, la compañera pacientemente lo espera como cada mañana cuando regresa de izar las banderas al alba, inhiesto mástil que hará ondear sus banderas al aire. Tras el sexo, ambos van a la ducha y juntos reciben la lluvia purificadora como si con ella quisieran desprenderse del recuerdo invocando a los dioses para que limpien las impurezas del pasado.

Del libro El otro lado de SALVADOR MORENO VALENCIA
Publicado en su blog reflexionesenellimbo

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