martes, 4 de marzo de 2014

SALA CON CAMELIA Y HOMBRE EBRIO


El hermetismo del cuarto es la noche,
la oscuridad desdibujada de un cabo de vela
vacilando al vaivén de las sombras.
Descabezada, la camelia blanca sobre la mesa,
el filo de sus pétalos enturbiando
el vigor de tan sólo unas horas
devorado por esa pasividad sin savia
que ahora advierte la lobreguez
como cercanía sorpresiva,
amante del perenne silencio.

Desde el gollete de la botella
brinda el hombre por la batallas perdidas
y atusa las enaguas de la camelia blanca
con la mano convulsa que dictó los versos
al papel magullado, indiferente a sus pies.
Titubea, se apoya en la mesa,
respira el pasmo de la flor
y se sonríe de hermosuras
que amueblan su embotada cabeza
y contorsionan su silueta.

Cuando suspire la vela,
cuando la claridad sea un vahído de humo
viajero a la nada,
besará el hombre a la camelia blanca
crujiendo bajo su planta
los huesos de unos versos gastados.

Poema ganador del I Concurso de poesía: Nuestra Musa, La Camelia
MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-

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