Me adivino, sólo, buscando un cuerpo equivocado
que se tatúe en mis ojos
y deje tras de sí, cuando se marche,
la palabra melancolía.
Me adivino atesorando tristezas,
como en aquella noche
en la que edifiqué mis sueños,
o esperando que depender de ti no sea
más que una remota posibilidad.
Me adivino, terco, insertándome en los huecos
que ha hecho tu sonrisa extraviada
y dependiendo del tiempo que, ilimitado,
hace de tus besos un arsenal de guerra.
Me adivino extraditado de tus palabras
y de tus sentimientos,
a punto de ser inexplicable
y, perdido, arrancándome la cicatriz que, desnuda,
se dibuja en mi voz y desciende
hasta olvidarse del silencio.
Me adivino en la desdibujada línea
que atraviesa la tristeza,
rompiéndome los párpados,
sabiendo de imposibilidades
y rechazando momentos.
ENRIQUE ROJAS GUZMÁN -San Fernando-
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