Otro cuerpo en mi cama,
producto del asedio y de las horas.
Y al fugarse el deseo,
sólo siento repudio a la pieza cobrada,
sobre el lecho tendida,
dejándose aplastar,
dejándose morder,
dejándose besar,
en silencio, distante.
No es fácil alcanzar la comprensión
de qué es lo que te ha hecho
dejarte poseer, si estaba claro
en tu rostro que no ansiabas mi cuerpo
ni había urgencia en tu piel.
En cuanto a mí, concluido
el momento de duda,
la conquista en la mano,
ni el tacto que alabé me satisface
ni la entrega indolente me seduce,
y tampoco comprendo
por qué continuar con la mecánica
del acto, hasta un final
sin grandes sensaciones.
Todo esto he conocido acostado a tu lado.
Y el saber con tu cuerpo
Me devuelve virtuoso al cuerpo del amor,
de las caricias convencidas,
de los labios sedientos.
Del libro Con el cuerpo del deseo de DAVID PUJANTE
Publicado en la revista Ágora digital 3
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