Mérida de esqueleto oculto de calles y piedras,
de casas romanas, calzadas y mosaicos,
a veces se yergue y asombra al viajero
al que acoge entre sus centenarias piedras.
Monumentos al valor de una civilización
incomprendida por los paisanos
a los que les resbala todo,
por los ojos de lo cotidiano.
Su cielo es del azul de la creación y la vida,
pasear por ella es robarle tiempo al tiempo,
en un ejercicio de ilusión y nostalgia.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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