Me afluyen en tropel por cada dedo
no sé si picardías o poderes,
despertando recónditos placeres
que adormeciera vergonzante miedo.
Y sorprendido, o hechizado, quedo
de esta aptitud de generar placeres
sobre la piel de pálidas mujeres
en cuya urdimbre lúbrica me enredo.
Mis diez varitas mágicas escriben
mensajes en el aire, y se aperciben
de la fascinación de sus lectoras.
Ni mérito poseo ni destreza,
la magia obra el milagro en la cabeza
de quien persigue luces seductoras.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -In memoriam-
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