Los Hermanos Dalton escupen
por el rabillo del ojo,
tienen la nariz de Bukowski,
bigote de malo
y guardan revistas del siglo pasado
en sus mesillas de noche.
Los Hermanos Dalton son apandadores
y no recitan
a voz en grito,
versos que nadie escribe nunca.
Mientras, yo, borracho y pendenciero,
me peleo con el día a día
de taberna en taberna.
Robo caballos,
asalto diligencias
y corazones vírgenes.
Y si los Hermanos Dalton son malos malasombra,
tienen los ojos fieros
y su reputación es un burdel polvoriento.
Par mí, la prisión es mi destino
la huida mi salvación,
y la paz mi condena,
porque soy el Hermano Dalton
que nunca subo saberlo.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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