Fue como revivir o recordar.
Lo iba leyendo
y transfusión de sangre recibía
del hombre aquel, ausente, tan lejano.
De pronto comprendí
que él expresaba
-memoria de vivir, ecos de espíritu-
aquello que yo nunca supe o pude.
(Cómplice intimidad de la lectura
cuán un furtivo vicio solitario,
no obstante, compartido).
Como un espeleólogo
sólo a la soga del lenguaje asido,
a aquella oscura sima descendía
a un mundo bello, alucinante, oculto,
para mí solamente reservado.
Y aunque estuviese sólo en ese instante
y sin otra compañía que un libro de poemas,
boca a boca sentí que respiraba
con el poeta aquel, ausente, tan distante,
muerto, quizá, hacía ya muchos años.
Del libro “DE LA ETERNIDAD DE LA BELLEZA” de PASCUAL-ANTONIO BEÑO GALIANA -Ciudad Real-
2º Premio, XXVII Certamen de Poesía Searus, 2004
No hay comentarios:
Publicar un comentario