Recorriendo en mi cuarto la sombra
que ha dejado el recuerdo,
ecos de paredes que imploran
tu nombre, y oír un te quiero.
Espejo en solitud que se encumbra
en el paisaje de sufrimiento,
la cama callada cual tumba
las sábanas grises, frías como cemento
la roja alfombra humedecida por llanto
de mis ojos que no contuvieron,
tanto dolor atesorado
por placeres que murieron.
Las cortinas que se mueven por el viento
que hoy suple a los suspiros,
deja que tu perfume viaje en silencio
pero en otro sentido.
Y si aun siento que arde mi cuerpo
o que se incinera mi ayer,
es porque habito un infierno...
desde que partiste mujer.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
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