El asombro se debate
entre miradas esquivas,
que saquea las palabras
y se esfuman por el aire,
el prólogo de las sombras,
donde el tiempo
se muere de melancolía.
Un gesto de insolencia,
un diluvio de amarguras
y la ausencia que irrumpe,
son el peso insoportable
de esta ingente alevosía,
perdido por el tiempo
con mi noble arrogancia.
A orillas de la nada
con infinitas laceradas,
y apenas un resplandor
vestido de esperanza,
surco mundos de sueños
con el alma insurrecta,
y el corazón frustrado.
Un vértigo irreverente,
y un enigma altanero
de sueños en el olvido,
y la altiva indiferencia,
donde el dolor horada
girando en torbellinos,
al final solo cenizas
y callaron los fuegos.
Ricardo Miñana
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