Cuelgo la madeja en el hilo del abismo. Se me atropella en
la boca. Como un lamento de la insensatez, podría escupir
deidades que no signifiquen nada, pero es más práctico
deshojar una flor de mi relleno; una flor que galope entre la
niebla y el cielo. Pinto una cometa, en la tierra, me dejo
guiar por el surco de su relieve. Y no echo a volar.
La incertidumbre en el hombre es como la maqueta que se
destruye con la silicona de la maldad. Es como si naufragara
el ancla de la profecía, y se quedara los lastres de antaño.
Somos producto de nuestros propios lastres, y a ellos nos
debemos... sólo la muerte sacude su polvo, y se despliega
en la fosa para hundirnos en lo eterno.
Del libro PAISAJES DE UNA DAMA de
ISA PÉREZ
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