Podría ser, quizás un puente entre los labios
y el desafío de tenerte
en la mitad humana de este minuto.
Las hectáreas de tu piel se convierten
en bambalinas que descuelgan los tamaños,
y los ojalá pudientes,
incesantes como un muslo,
un acertijo de poesías y dioses
de mi desnudez,
en los cines de mi codicia,
en la butaca del emperador
con nombres que dicen
ser los lomos del libro
que intento vender.
Dime. O acaso como el tenor,
me volveré a esa mortal
bañera de inseguridades.
Es cierto, Vida. El amor.
ISABEL REZMO
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