miércoles, 5 de marzo de 2014

EL VIOLÍN DORMIDO


A ciegas rasgo
las cuerdas
de mi violín
esperando arrancar
aquellas melodías
que tocaba para ti.

En vano su arco
paso y paso
y afino sus clavijas
que se han quedado
dormidas en el
tiempo y la distancia.

Esas notas que
quedaron, guardadas
en su lustrosa caja
y que encierran
mis alegrías, tristezas
mis agonías y mis lágrimas.

Ya no escucho
su son melodioso
entristecido o vivaz
sonoro o lánguido.
Porque tu amor
está muy lejano

y aunque quiera
mil veces imaginarlo
ni con el sonido
que se desprendía
de mi violín
puedo evocarlo.

Diana Chedel -Argentina-

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