A ciegas rasgo
las cuerdas
de mi violín
esperando arrancar
aquellas melodías
que tocaba para ti.
En vano su arco
paso y paso
y afino sus clavijas
que se han quedado
dormidas en el
tiempo y la distancia.
Esas notas que
quedaron, guardadas
en su lustrosa caja
y que encierran
mis alegrías, tristezas
mis agonías y mis lágrimas.
Ya no escucho
su son melodioso
entristecido o vivaz
sonoro o lánguido.
Porque tu amor
está muy lejano
y aunque quiera
mil veces imaginarlo
ni con el sonido
que se desprendía
de mi violín
puedo evocarlo.
Diana Chedel -Argentina
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