miércoles, 5 de marzo de 2014

EL ÚLTIMO PEGASO


El cuerpo del muchacho se petrificó, y en vez de brisa, un caballo negro voló de él. La azotea se estremeció bajo el galope salvaje. Dos enormes alas negras se desplegaron de los ijares que antes eran brazos enclenques. De un salto el bruto planeó sobre la medianoche. El relincho cortó el cielo como un sable blandido por hombre ducho. La piel le dolía, pero no importaba, debía llegar. La mutación fue dolorosa. Jamás pensó verse en un cuerpo tan diferente. Se aprendió cada paso del libro, creía todo lo que decía,
aunque era difícil aceptarlo de un tirón.
En la cabeza de un ser humano no entra de pronto la posibilidad de convertirse en animal, y mucho menos en caballo.
Pero el colmo de los desafine sería pensar en un caballo que vuela. Ya ni los burros andan por creerse el cuento de Pegaso. Así que de buenas a primera no hay quien le salte a uno con que se va a convertir en caballo para andar de techo en techo y que se tenga cuidado con los cristales y antenas si no quiere dejar el rabo allá arriba. Sea como fuera el caballo trotaba, o mejor dicho volaba, a un lugar que parecía fijado en su subconsciente. Para entenderlo tendríamos que regresar dos noches atrás, cuando todavía era hombre y le
prometía por Facebook a Flor, su eterna enamorada, verla el sábado a medianoche en la fuente del parque,
“donde se besan las estatuas”, bromeó…
No sintió golpe, pero de pronto dejó de ver y empezó a perder fuerza. Las alas se debilitaron y no pudo controlar la caída. Por última vez miró abajo y se dio cuenta que aunque todo parecía muy lejos estaba en el lugar de la cita.
Cuando el mundo despertó un caballo negro, hermoso, de pelo brillante, rabo y crin enormes descansaba con el hocico hacia la fuente. Los curiosos que al pasar lo miraban no podían creer lo que veían. El animal no parecía a los usados por allí. Es más, ninguno de ellos había visto semejante ejemplar en su vida. Pero lo más extraño era el libro que pisoteaba con las patas delanteras. “Al-khīmiyā, Hermes”, se leía con dificultad en caracteres al parecer árabes.

Rodolfo Báez (República Dominicana)
Publicado en la revista digital Minatura 125

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