Puedo oler
el perfume de tu partida,
en la puerta de la despedida.
Añorando el aroma de tu regreso,
mi esperanza no duerme,
terca, espera mientras rezo.
La lluvia de invierno
no moja mi anhelo,
ni el calor de verano
no quema tu recuerdo.
Aúllan, mis mascotas,
al compás de mi pena,
acariciando mis lágrimas,
lamiendo mi tristeza.
Podré acariciar tu recuerdo
en cada respiro,
día a día, palmo a palmo,
mientras vivo.
Delfín Giraldo -Perú-
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