domingo, 1 de noviembre de 2015

TIEMPO DE AGUANTAR / I - TIEMPO DE AGUANTAR / II


ORIGINAL
Tiempo de aguantar / I

¿Cuánto tiempo aguantará en pareja ese dios rubio que envejece bien junto a esa mortal descolorida que envejece mal? La niña, por fortuna, se parece al padre. El niño, a la madre. Se diría son una familia feliz, excepto la mujer que se consume en la conciencia de su descoloración. Él, el dios, es cariñoso con los niños, y con ella. En el vagón del metro está pendiente de protegerlos, y, de cuando en cuando, les sonríe y los acaricia con ternura. Ella va desasida de sí, y de todos. Se consume
desde adentro y hacia adentro: una fruta seca de inconformidad consigo, de rechazo a sí misma. Una que no reacciona al tacto de la mano de él, y que, como si no se apartara, aleja su piel de aquel roce mientras desdeñosa dibuja una mueca. De tanto no amarse ya no ama.

MODULACIÓN
Tiempo de aguantar / II

¿Cuánto tiempo aguantará en pareja ese dios rubio que envejece bien junto a esa mortal descolorida que envejece mal? La niña, por fortuna, se parece al padre. El niño, a la madre. Él, el dios, es cariñoso con los niños, y con ella que, desasida de sí y de todos, se consume desde adentro y hacia adentro: una fruta seca de inconformidad consigo, de rechazo a sí misma.
Una que no reacciona al tacto de la mano de él, y que, como si no se apartara, aleja su piel de aquel roce mientras desdeñosa dibuja una mueca creyendo que él no la ve. De tanto no amarse ya no ama. Él desvía la mirada hacia los niños, los atrae hacia sí y la resignación del mundo flota en el lago de
sus ojos.

Del libro Cada gota de azogue acerca el mundo de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES

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