domingo, 16 de febrero de 2014

DEL TEJAR


Tenía largas siestas de silencio
y sol chorreando luz de los canteros
verdeante, en medio de la calle
tan anchurosa como mis desvelos.
(Digo, allá en los 70, que no es tanto
si se mira con los ojos del alma.)

Luego irrumpió un apuro de automóviles
que mató el verdor con el asfalto
provocador de infartos de apurados.

Y ahora, ya Balbín —pobre ocurrencia—,
el que fuera Camino de las Tropas
nombrada Del Tejar —sin mucho acierto—,
perdió la antigua magia, acostumbrada
por nocturnos azules de verano
a transmutarse de avenida en cielo.

Del libro CIELO DE COGHLAN  de RUBÉN DERLIS

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