Tu voz es quien me lleva
al vértigo en la noche.
Caído el sol, buscamos huecos donde esconder
los cuerpos anhelantes de ternura.
Resbalan tus mejillas
las caricias caídas de mis labios,
y al fin llego a tu boca que espera entrecortando
el aire que nos falta y nos asfixia.
Volvemos a la calma,
mas solo unos segundos.
No hay sitio esta noche para el sueño
que dejará su huella en las ojeras,
delatando las horas de desvelo,
en noches compartidas.
Ana Martínez. España
Publicado en la revista Oriflama 18
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